Una historia de vida

Una historia de vida

Dra. Alejandra LUBATTI 

A veces las respuestas llegan antes que las preguntas…

Jamás había tomado en cuenta la posibilidad de que  un giro en mi vida,  me llevaría a dar todo lo que había buscado para los demás, hacia mi propio ser.

A su vez, en aquel momento, tampoco pude  suponer la bendición de estar hoy comenzando a devolverlo;  ya que desde la vivencia propia de una enfermedad,  pude   entender  tantas cosas por el simple hecho de  haberla  sentido en mi interior.

Muchos pueden considerar las enfermedades como algo negativo; no obstante yo misma emprendí un camino en el que quise aprender mucho de ellas.

Hoy entiendo que para poder hacerlo, primero debemos ahondar profundamente  en lo que es la salud y de qué depende la misma en todos sus aspectos, puesto que saber en realidad qué es lo que sostiene la salud nos permite conocernos como  especie.

Es así que tenemos una tarea: la de preservar nuestra semilla y recuperarla en su integridad. Como humanidad, debemos descubrir  las realidades ocultas para poder evolucionar.

La primera enfermedad que nos impide avanzar  es negar lo desconocido. Debemos abrir los ojos del alma, que evidentemente, está en nosotros y nutre a nuestro cuerpo.

Igual que el aire que tampoco  se ve, las puertas a esa energía universal que todo lo crea, que todo lo mueve, habita en nosotros. Somos una combinación de átomos, que se organizan y funcionan desde esta misma fuerza creadora.

Entonces, si somos parte de esa energía  ¿por qué motivo el hombre no sintoniza  con la creación ?

Era una mañana más, no recuerdo el día, estaba tomando unos mates con mi papá en la cocina de aquella casita que era mi refugio .En esos momentos, sin saberlo, estaba a punto de colapsar. No obstante , para mí, era un día más, porque ya me había acostumbrado y la vida era eso: los  apuros cotidianos, desatenciones a mis necesidades, a lo que me conectaba conmigo misma por estar atendiendo primero responsabilidades ajenas,  el trabajo, falta de descanso, mala alimentación; todo esto  sin advertir que ni siquiera estaba respirando bien (la primera necesidad básica que tenemos para conservar nuestra salud). Al respecto, le propongo querido lector,  que se detenga  unos instantes y sienta usted mismo cómo está respirando…

Cuando aprendí a hacerlo correctamente, me preguntaron acerca de cómo  nos habían enseñado la respiración correcta en nuestra carrera de medicina; no recuerdo haberlo aprendido. Sí, por supuesto, todos los detalles, nombres e intercambios íntimos hasta el nivel celular y moléculas; pero,¿ cómo se respira?

No, no recuerdo haberlo aprendido, en realidad, pensé que todos sabríamos respirar, después de todo, lo hacemos automáticamente durante toda la vida; pero,¿ lo hacemos bien? Y de ahí un millar de preguntas: ¿estoy comiendo bien?  ,¿Descansando bien? ,¿ Viviendo bien?

 

 

Las preguntas incluían también una duda: ¿qué se entiende por  realizarlo “bien”?

Esa mañana, me estaba dando cuenta de que había algo que no funcionaba “bien”en  mi cuerpo, hasta ahora acostumbrada a que respondiera a mis demandas, y de no hacerlo, se acomodaba en seguida con alguna medicación de turno. No obstante , esta vez no lo estaba logrando, ya había cambiado varios medicamentos y si bien los síntomas mejoraban, había algo que persistía… y en este caso, se había instalado en un dolor sobre la primera articulación de mi dedo pulgar, que no se estaba mejorando, al contrario, era cada vez más notable.

Como médico, sabía que algo no estaba “bien”, había hecho una seguidilla de enfermedades, al parecer simples, pero no era bueno. Además persistía en mí un cansancio y esa febrícula, que desde los 20 años se había hecho normal en mí; pero me  comenzaba a molestar con más intensidad.

Hice un cuadro que supuse, sería gripal de unos 15 días, con temperatura muy elevada, tos con muchísimo dolor pleural y muscular, dolor de espalda, ojos, y todos los síntomas que conocemos como gripales.

Cuando medianamente me repuse, comencé con infección urinaria, baja y alta. Supusimos que estaba asociada a alguna litiasis o arenilla renal, también con temperatura muy elevada y aproximadamente de un mes de duración, lo que es muy sencillo de diagnosticar hoy, con el análisis en mano. Sin embargo,  en aquel momento, sólo podía saber que debería seguir indagando porque eso no era una simple afección renal ni infecciosa.

Los dolores en las articulaciones y músculos se fueron generalizando, la debilidad, pérdida de peso, fuerza muscular, cabello, visión, sueño; comencé con temblores y la noche en que hice por primera vez unos raros espasmos musculares generalizados sumado a que ya no podía dormir. Cierto día, mientras estaba  sentada leyendo ,descubrí  que todos los puntos sensibles de la fibromialgia estaban marcadamente presente   en mi cuerpo y con mucho dolor  ;  y entonces , supuse el diagnóstico.

Comencé acomodando mi dieta, desintoxicando mi organismo, además de seguir, por supuesto con la medicación que iba ajustando a los síntomas que aparecían y a la evolución de la enfermedad.

Empecé con muchísima fotosensibilidad, no toleraba el sol, la luz, había días que no podía leer en la computadora, y más allá que sea normal para la edad necesitar anteojos, a mis 43 años no los usaba ni los había necesitado desde mi secundaria. Había leído muchísimo y nunca había experimentado una pérdida de la visión tan aguda y cambiante según los días. Era como estar  encandilada, y había días, pocos, que volvía a la normalidad.

Comencé a perder 500 grs diarios,  alimentándome bien, por momentos  no podía levantarme de aquel sillón, testigo de  todo mi peregrinar en ese episodio agudo. Hubo días en los que no podía conectarme del todo con lo que tenía alrededor, y aún así, seguía buscando como podía alguna respuesta más allá de eso. Si no veía, escuchaba algún audiolibro, hablaba por teléfono con alguien o con algún colega que me pudiera dar algún otro dato. Hasta el momento, era fibromialgia y todos me aconsejaban bajar unos cambios en mi agitada vida, que ya los había bajado obligatoriamente.

Cefaleas, sensibilidad en la piel como si estuviera quemada, todo lo que me tocaba, me ardía y dolía. También los dientes, la lengua, los  ojos, todos los músculos y articulaciones, dolían mucho hasta que me calmaba una ducha.

Al respirar sentía que me  quemaba el aire que entraba, me dolían los pulmones y toda la parrilla costal, hacía respiraciones cortas tratando de no moverme demasiado.

Unos días antes de  que cambiara el  tiempo y con los cambios de presión atmosférica, notaba que los síntomas empeoraban.  Si no es Juan, es Pedro, me decía a misma, siempre había un motivo, se acomodaba de un lado, se desacomodaba del otro.

No toleraba los ruidos, con la luz dolían mis ojos,y  realmente, descubrí zonas que no sabía que estaban ahí a través del dolor. Después me iría dando cuenta de eso, de que tal vez esta enfermedad nos muestra lo que nos duele y ni siquiera lo advertimos.

Otros síntomas fueron desarreglos intestinales, petequias en todo el cuerpo y los ojos muy rojos. Mi cara estaba manchada y se comenzaba a ver que no era rosácea, como sospechamos en un principio, era la mancha de la mariposa. Comenzaron las arritmias, y  a doler también la zona cardíaca, lo que sugería una posible pericarditis. En realidad  estoy siendo redundante con los síntomas , y para resumir diré que  todo, todo, dolía.

 

Tengo que hacer memoria ahora para escribirlo, porque una de las grandes cosas de la sanación, es el olvido. Sí, recuerdo esto como una película; pero ya no duele tanto hoy en mi cuerpo, y lo que es mejor, no han quedado secuelas en el alma. O al menos, eso espero mientras siga este proceso de sanación.

Y digo sanación, no tratamiento porque, a través de las terapias alternativas, encontré la diferencia entre medicar, callar un síntoma, en este caso, tan significativo como el dolor, o tomarlo  como señal de alarma, mientras vamos descubriendo y tratando de solucionar el origen del mismo.

Aprendí que nos vamos sanando  desde el interior. Cuando por primera vez tomé en cuenta la de que la palabra in-curable podía verse desde  “in”, “sin” o “in, dentro de.”  que  la solución estaba y está dentro mío, la respuesta está en mí, ahora …¿cómo buscarla?.

Hace tiempo alguien señaló mi pecho tocando con su mano y dijo:” – Está todo ahí.

Ese gesto y palabras quedaron muy grabados en mí. Y volví a pensar, “está todo ahí.”

Seguí mi búsqueda desde lo que hasta el momento había experimentado, y agregaba todo lo que podría servir. Hasta ese entonces estaba aferrada a mi medicación Homeopática tal como Flores de Bach, terapias energéticas, practicaba yoga, meditación, ayuda sicológica y buscaba en mis alimentos mi medicina, como lo había dicho Hipócrates.

Puede no parecer significativo, pero al hacerlo con la constancia y el cumplimiento adecuados, ya empezaba a notar mejoras, aunque sabía que todavía no tenía la certeza del diagnóstico, comencé a indagar en el laboratorio hasta que se  confirmó mi sospecha al  recibir el primer  positivo para antígenos antinucleares, los que, sumado a la sintomatología clínica, apuntaron definitivamente a Lupus Eritematoso Sistémico.

Hubo muchas veces en las que tuve miedo. A pesar de conocer la enfermedad, sus riesgos, y confiar con toda mi alma  en lo que todo estaba haciendo, hubo momentos en que pensaba que podía estar equivocada y podía no funcionar;  o bien  no alcanzar con lo que estaba haciendo para salir adelante. Lógico que es más fácil con el diario del lunes predecir el fin de semana, diría cierta vez mi sicólogo … Hoy tengo el diario del lunes, gracias a Dios.

Si bien, a casi tres años  de su confirmación por laboratorio, y más de cuatro de la aparición de los síntomas, la enfermedad está controlada, no hay daño renal, ni permanente en otros órganos nobles, y los antígenos antinucleares  se  negativizaron.

Hoy, mi i vida es muy diferente a lo que era cuando me encontré  en el camino con esta maestra que es la enfermedad.

Dicen que las  autoinmunes te organizan la vida, y así lo estoy haciendo, después de un desorden total.

Como el clima y la altitud en  donde vivía, no eran favorables para mejorar, me mudé a un mejor clima, más alto y seco, lo que fue una mejoría notable que me permitió recuperar algunas cosas que fueron el principio de volver a” vivir”.

“Vivir” en el sentido de poder levantarme, caminar, abrir las ventanas y sentir  la luz, hasta poder salir afuera de día, aunque hubiera sol .Volver a ir a la verdulería fue uno de mis más grandes logros, recuerdo que llamaba por teléfono a mis amigas y les decía feliz, estoy yendo a hacer compras!! Y era de día, además, caminando. Comencé a caminar, aumentando cuadras día a día, el día que caminaba mucho no cocinaba ni limpiaba, pero ya podía limpiar mi pequeño departamento y volver a ordenar mis cosas, ropa y demás. Me sentía viva otra vez y con muchas más esperanzas de seguir mejorando.

 

 

De todas maneras, había días que volvía a estar peor, y eso me asustaba mucho porque el fantasma de volver atrás era y es posible.

De a poco se van espaciando los períodos difíciles y aumentan en tiempo y frecuencia los de bienestar. Sigo con todos los cuidados día a día, es mi sanación, mis antiinflamatorios son, mis clases de yoga terapéutico, como una rehabilitación constante. Mis desintoxicantes, los alimentos. Mi medicina, Homeopática. Mi energía, la luz. Mi paz, el amor. Mi mayor sanación, el amor,porque a través de esta enfermedad , también aprendí que amar. Amarse incluye muchos cuidados que cuando estamos sanos consideramos que sólo deben hacer las personas enfermas.

Nuestros cuerpos tienen una capacidad de resistencia, aproximadamente de 40 años, luego de los cuales, si hemos realizado actos insalubres, se van acabando las reservas, el cuerpo está tan intoxicado que comienza a manifestar sus primeros síntomas, en lo que puede cada uno, de algo que se viene gestando en años de malos tratos.

¿Qué es lo que nos lleva a este estilo de vida casi autodestructivo?

Sin darnos cuenta, automáticamente, sin un análisis del porqué, nos  alimentamos con químicos, conservantes, colorantes, cosas antinaturales, no les damos caramelos a nuestros perros porque les hacen daño, y a nuestros niños los callamos con lo que venga y de cualquier color.

Muchas conductas automáticas deberían ser analizadas desde la conciencia y, seguramente, no las haríamos.

Lo que somos es aquello de lo que nos alimentamos, aparte de que las  comidas alimentan nuestros pensamientos, ideas, lecturas, lo que vemos, lo que oímos, todo lo que hacemos nos van formando hasta llegar a lo que somos.

La energía que nos alimenta es la que hace de nosotros lo que somos.

Cada día cuido mi energía. Sé que estas enfermedades se controlan y se mantienen dormidas mientras persisten los cuidados, ya que  se convierten en alarmas muy sensibles de lo que no debemos hacer.

Sé que mi vida no es ni será como era antes. Quizá hace un tiempo atrás  me hubiera asustado mucho de que me dijeran eso, hoy me hace muy feliz todo lo que encontré de este lado. Todo lo que aprendí y sigo aprendiendo, desde el darme cuenta y hacer conscientes tantas cosas.

Se produce otro despertar a la vida, a una vida distinta y llena de vida, salud y bienestar. Les puedo asegurar que el amor, la paz y la felicidad son el mejor tratamiento para los males de este mundo. El resto sólo nos  maneja y  no resuelve.

Puedo decir que esos fueron y son mis medicamentos, mis sanadores, tales como  alimentos naturales, plantas, cuidados naturales, y la  conexión con mi interior.

Esta búsqueda aún  sigue cada día; pero  sólo se puede adelantar llegando a conocernos primero a nosotros mismos, conectándonos con todo nuestro ser, y realizando exactamente lo que sentimos y pensamos. En otras palabras, ponernos de acuerdo con nosotros mismos y actuando en consecuencia.

Y ahora yendo a nuestra hoja de ruta, la que nos toca escribir cada día en el libro de la vida, es importante  vivirla con autenticidad para poder ser realmente quienes somos en todo momento y lugar. Respetar nuestra esencia: somos seres humanos, cuerpo, mente, emociones y energía que nos nutre.

Desde mi profesión de  médica, y dentro de todo lo que conozco, todo lo mencionado anteriormente  fue  lo que juzgué mejor. Hace aproximadamente 15 años, elegí este camino para retornar a la salud de la manera más suave, natural y duradera, como lo postuló C F Hahnemann muchos años atrás, y con los mismos medicamentos estudiados por él y otros homeópatas que lo siguieron, pude restablecer mi salud, y lo sigo haciendo día a día. Estoy muy agradecida, feliz y satisfecha de que así sea.

La regla es sumar, con todo lo que se necesite. La regla de oro: primero no dañar. Lo que muchos médicos, no colocan primero.  Presionados por las demandas de sus pacientes, sumergidos  en un mundo consumista, exigen que se les de lo que quieren, soluciones rápidas, más allá del restablecimiento de la salud, o sea  la rápida reinserción en las carreras de todos los días, desconociendo las consecuencias lógicas de este proceder.

En consecuencia, la medicación que elijo es con ese criterio, primero no dañar, que no tape un síntoma y que  genere una nueva enfermedad de reacciones adversas y efectos colaterales, que sean más dañinos que el síntoma. Considero a los síntomas como  el lenguaje con el que la enfermedad nos guía a la sanación, y por ende  realizo una  lectura de ellos.

Para mí no es un  problema tolerar un dolor, sí es importante encontrar y solucionar la causa del mismo y apuntar a ella. Si mis articulaciones duelen porque están inflamadas, veo qué es lo que las inflama, por lo general es la intoxicación que el riñón no llega a depurar y se acumula en el tejido conectivo;  entonces, me avoco a desintoxicarme y realizar actividades físicas adecuadas, mientras observo cómo el dolor va acallando a medida que se soluciona lo que lo causaba. Si estoy cansada, primero veo si estoy descansando bien, antes de estimularme a más esfuerzos sobre un cuerpo que reclama su merecido descanso, y como lo dije con el clima, preferí cambiar de lugar de residencia,  antes que utilizar antiinflamatorios de rutina para tolerar vivir en esas condiciones.

Quizá puede sonar fanático, pero hasta ahora, es el camino que me lleva a sanar día a día, en lugar de luchar con los síntomas que van acomodándose de un lado u otro. Mientras nos avoquemos a callarlos,  ellos siguen queriendo marcar que por allí, no es el camino.

Es mi deseo dejar este pequeño aporte como una muestra de mi agradecimiento, y mi mayor anhelo es que pueda servir a otras personas que, como yo, tengan que aprender de la mano de esta maestra llamada “enfermedad”. Seguramente para quienes padezcan la enfermedad es un gran mensaje:  que sepan que se puede, que esta opción existe y es muy efectiva; aunque no es sencillo.

Diría que es la senda estrecha que nos lleva al camino ancho y confortable de la vida. Hay que hacerlo bien, responsablemente, acompañados por personas capacitadas en ello, ya que lleva mucha dedicación, constancia, empeño y respeto por todas las leyes naturales que tanto hemos violentado en nuestra humana existencia. La naturaleza es nuestra madre y gran sanadora.

Repito, no es fácil, es un constante peregrinar con la constancia y paz de sobrellevar lo que viene, aceptar límites, convivir con síntomas algunos días, y terapias que pasan a ser nuestra rutina. Si lo tomamos con amor,y agradecemos vivir de esta manera, entre personas que nos enseñan cada día la importancia de cambiar hábitos, rehabilitar, reiniciar cada día con lo que hay desde esta opción, para poder vivirlo desde la salud y buscando sanar un poco más cada día. Sin condiciones. Sin reprochar. Sin desistir. Descansar  se puede, detenerse, jamás.

El primer escalón fue considerar que hay otras cosas, de lo que poco sabemos, que pueden cambiar oscuras “realidades”. Hay otras verdades que podemos descubrir con nuestra propia experiencia y así crecer como personas y como especie.

Es una enfermedad muy dura, y muy larga de llevar, días en que estoy mejor, otros días no tanto… días en los  que me levanto con todos los dolores y me recuerdan   que están ahí, que no voy a poder realizar lo que  tenía planeado, porque hoy, no hay cuerpo… y saber que es eso, es así.

Hay días que pienso, hasta cuándo será… hasta que Dios quiera. Miro al cielo, sigue ahí, tan azul, tan claro el sol, pequeñas nubes, eso es la vida, seguirá estando aquí mañana, estemos o no.

Hoy es un regalo, aunque duela, puedo ver el sol, y dar las gracias… y sí ! una vez más vuelvo a elegir la vida. Elijo un día más, con la certeza de que mañana, será mejor y eso me dará fuerzas para soportar los días del “no tanto”.

Entonces,  acomodo mis medicamentos… para comprobar una vez más, este gran milagro que nos legó Hahnemann, la Homeopatía….Gracias, gracias, gracias!!  porque puedo estar aquí, bajo el mismo sol con los que amo.

Como  dijo un eminente médico, colega y maestro, “viví para contarlo”, y yo  lo estoy haciendo. Elijo la vida cada día, porque sé, es un regalo que se renueva a cada instante con nuestro deseo de estar vivos y nuestra responsabilidad de así hacerlo en cada conducta que tomamos. A cada momento,  cocreamos: integramos  o desintegramos. Es nuestra elección y las consecuencias, su resultado.

Elijo crecer cada día. Abrirme a posibilidades aún no comprendidas, o poco aceptadas por la mayoría; todas ellas tan antiguas como vigentes a través de los tiempos.

Por algo es, sépanlo, seguro.

Descúbranlo, es maravilloso. Gracias a Dios por tanto.

Sapere aude, aprende a valerte de tu propio entendimiento.

 Larga vida a la Homeopatía!!

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